Entreclaves…Sobre la crítica musical especializada en Cuba

Por Leannelis Cárdenas Díaz. Musicóloga

Cuando se vive en un país tan fértil en torno a la creación artística, es inevitable que nazcan todo tipo de expresiones, algunas de muy alta calidad, otras no tanto. Asimismo, la guerra que se libra entre estas y sus principales exponentes al intentar posicionar su obra en el gusto de la población, deviene proceso inherente al acto creativo y, por ende, imposible de detener. Mientras más grande es la “cosecha artística”, más complejo es el proceso de decantación por el que atraviesan desde los órganos decisores de política, medios de difusión, en fin, catalizadores de toda esa producción, hasta el público que la consume.

Debido a esto, se hace cada vez más necesario en la escena artística cubana un ejercicio de crítica especializada correctamente informada, de rigor y buen gusto que ayude a discernir a las instituciones rectores de los procesos culturales y a los grandes medios de difusión masiva qué productos artísticos merecen ser apoyados, avalados y difundidos por estos espacios. A la vez, la crítica especializada tiene el objetivo de educar y desarrollar el gusto estético de la población cubana, así como “direccionar” el consumo de dichos productos culturales de la mejor manera.

En cuanto a la escena musical (que es la que nos compete en esta ocasión), resulta altamente necesario ejercer la crítica especializada de manera constante y acentuada, puesto que al ser la manifestación del arte que cuenta con un mayor número de profesionales activos, deviene el área de creación más prolífera, y por ende, la de mayor alcance y consumo dentro de la población. En los últimos años, gracias a la globalización de la información y al empleo de las tecnologías digitales como principales vías de producción, gestión y difusión de este tipo de quehacer, el producto musical, además de seguir siendo el lenguaje universal por excelencia, también se ha convertido en un elemento determinante en la conformación de la identidad, ya sea de forma individual o colectiva.

Seguir de cerca el proceso creativo de nuestros músicos y la difusión de su obra, resulta de vital importancia para preservar la salud de la música y la cultura cubana en general. Asimismo, educar y conducir el consumo musical del pueblo, deviene tarea obligatoria para todos aquellos que nos sentimos responsables por el futuro de las nuevas generaciones. La herramienta para hacerlo: el ejercicio consciente, correctamente informado y riguroso de la crítica musical especializada.

Estado de la crítica musical especializada en Cuba

Intentar analizar el estado de la crítica musical especializada en Cuba, es caminar sobre arenas movedizas. Si partimos del hecho de que en la academia cubana no existe la carrera o perfil de “crítica musical”, pareciera que no tenemos nada de qué hablar. Aun así, profesionales de diferentes especialidades, con formaciones distintas hacen gala de su sensibilidad artística y de las herramientas legadas por su profesión para cultivar tan noble ejercicio de pensamiento.

Aunando empirismo con sentido común, periodistas y musicólogos han sido, en mayor medida, quienes desarrollan desde hace varios años el papel de críticos especializados en música, direccionando de manera muy clara las que pudieran ser vistas como dos tipologías de crítica musical: la periodística y la musicológica.

Aun cuando ambas maneras de desarrollar el ejercicio crítico tienen como materia prima la música, son varios los aspectos que las diferencia, lo que me permito mencionar muy brevemente.

Crítica musical con enfoque periodístico: Descendiente directa del acto periodístico propiamente dicho, está impregnada de un gran sentido de la inmediatez. A través del empleo de un lenguaje directo, con un tono más coloquial, el mensaje en estos trabajos llega a ser altamente comprensible y asequible para todo tipo de lector. Debido a que el periodista que la lleva a cabo no cuenta (en su generalidad) con los conocimientos musicales y las herramientas técnicas necesarias para realizar un análisis profundo y concreto del acto musical, las observaciones del mismo suelen apelar en el mayor de los casos a la subjetividad y conocimientos empíricos del sujeto crítico.

Crítica musical con enfoque musicológico: Con una formación precedente como músico profesional, el musicólogo cuenta con todas las herramientas necesarias para realizar un análisis concreto y preciso de aspectos expresivos, técnicos y subjetivos del acto musical. Suelen ser elaboradas en mayor medida empleando un lenguaje altamente técnico y académico. Muchas veces la falta de elementos como la inmediatez atenta contra la socialización de los textos. Poseen un alto rigor investigativo.

Cuando comparamos las dos definiciones de crítica musical anteriormente esbozadas, es muy fácil advertir que estamos ante un fenómeno sumamente complejo, puesto que aun cuando ambos ejemplos cuentan con un alto grado de profesionalismo a la hora de su ejecución, no poseen el mismo nivel en cuanto a conocimientos musicales per se. Esto no debería ser un problema siempre que se tenga claro qué función social y académica, y en qué tipo de espacios deben ser difundidos ambos enfoques. En otras palabras: establecer jerarquías en los niveles de alcance y visibilidad del ejercicio crítico en cuestión.

No perdamos de vista que, al aplicar el ejercicio crítico ante cualquier acto musical, estamos “automáticamente” emitiendo un juicio de valor sobre el mismo, por lo que debemos ser sumamente responsables a la hora de conformar nuestro criterio, el que a la vez se nutre de los conocimientos musicales, en su más amplio alcance, que poseamos de antemano y seamos capaces de cultivar sobre la marcha.

Dificultades de la crítica musical en la actualidad

Existen varios aspectos que atentan contra el buen desarrollo y salud de la crítica musical especializada en Cuba. En primer lugar, es preciso que acabemos de entender que el acto musical va mucho más allá del producto terminado (obra musical, CD, concierto, video clip, etc.). Desde el primer momento en que empieza a gestarse una idea de la mano del sujeto creador, desde que el músico se sube a escena con su instrumento, o sea realiza el acople de los temas que van a conformar un fonograma, estamos en presencia de una parte del proceso musical. Habría que preguntarse entonces ¿desde qué momento debería empezar el ejercicio crítico musical? ¿Solo es pertinente realizar la crítica del concierto o del disco, o tal vez sea necesario que el crítico acompañe algunos de los procesos creativos en todas sus facetas? Tengamos en cuenta que una de las misiones de la crítica es igualmente la de educar y ayudar a conducir procesos, por lo que la presencia de dicho actor en el desarrollo de algunas acciones creativas sería de gran ayuda.

Un ejemplo claro de lo anteriormente planteado lo vemos en las giras que realizan los grupos musicales, o en la conformación de grandes espectáculos. Rara vez se cuenta en estas cuestiones con la presencia de un crítico musical que ayude a conducir y llevar a buen término el ejercicio. Solo basta mirar algunos de los grandes espectáculos y galas realizadas continuamente en nuestro país en las que la curaduría, el buen gusto y el rigor en la selección de la propuesta artística brillan por su ausencia, o seguir de alguna manera las giras musicales, para darnos cuenta que no existe una “mirada especializada” que encause el trabajo por el camino correcto.

De similar manera sucede con los programas musicales de la televisión cubana. Resulta difícil sentarse a observar espacios televisivos como Todo Música, De la Gran Escena, Cuerda Viva, entre otros (todos transmitidos por televisión nacional), y ver las propuestas artísticas que aquí se ofrecen. Aun cuando cada uno de ellos cuenta con un “asesor musical”, el producto que se ofrece en la gran mayoría de los casos dista mucho de contar con la calidad necesaria o presentan un alto grado de incoherencia con el concepto artístico del espacio. Una vez más habría que cuestionarse ¿qué tipo de profesionales desempeñan esta labor?, ¿tienen estas personas la formación correcta para desempeñar el rol que ocupan?, ¿valdría la pena la presencia de un crítico musical en la gestión, asesoría y conformación de estos espacios?

Otro problema que atenta directamente contra la buena salud de la crítica musical especializada en la isla es todo lo referente a los espacios de socialización. Aunque existen varios sitios, revistas (sobre todo en soporte digital), aun no es suficiente la visibilidad del ejercicio crítico en el país. Asimismo, sucede con los espacios televisivos a los que se tiene acceso.

En este aspecto ocurre algo especialmente llamativo. Y es que cuando de espacios de socialización se trata se puede apreciar una cierta tendencia a posicionar solo una cara de la moneda: la crítica musical de corte periodístico. Por algún motivo que aún no queda claro, en estos espacios, sobre todo en los programas de la televisión, la figura del crítico o comentarista musical está preferiblemente ligada al periodista cultural, quedando olvidada y subutilizada la figura del musicólogo. ¿Acaso el periodista cultural tiene mayores aptitudes y más herramientas que el musicólogo para desempeñar la labor de crítico musical especializado? ¿No sería atinado equilibrar la presencia de ambas figuras en este tipo de espacios? ¿No está el musicólogo lo suficientemente preparado para ser una de las caras visibles y mediáticas de la crítica musical especializada en Cuba?

Sin dudas, hay unos cuantos aspectos que merecen ser analizados a consciencia en este sentido, y resueltos de la forma más inmediata posible. La necesidad de socializar trabajos confiables a nivel de contenido, de emitir criterios concretos basados en una formación sólida y un correcto proceso de búsqueda de la información es de suma importancia, sobre todo en los tiempos que corren donde la desinformación se abre paso a través de las redes sociales y las plataformas digitales. Velar por el futuro de la cultura musical cubana está en nuestras manos.

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