El changüí: banda sonora de Guantánamo para el mundo (Parte 1)

Por Yurien Heredia Figueras. Musicóloga

Todos los guantanameros, o casi todos, al oír la palabra changüí la asociamos directamente con una tradición que nos ha identificado por mucho tiempo. El sonido singular de esta música sintetiza elementos histórico-culturales africanos, europeos y caribeños presentes en la región de Guantánamo, la más oriental de las provincias cubanas. Siguen siendo incógnitas a despejar: que permanezca con tanta fuerza solo en Guantánamo, el desconocimiento de su existencia en otras regiones cubanas y que excelentes músicos de referencia en varios géneros aún no se atrevan a interpretarlo.

El changüí no es originario de la ciudad, sino de las serranías guantanameras. En él confluyen música, baile y culinaria, partes integrantes de una gran fiesta que desde 1860 aproximadamente, se da sin parar en ese territorio.

Cuba fue colonia española desde finales del siglo XV, a partir de su llegada en 1492 y hasta finales del siglo XIX. En esta etapa sobresale el siglo XVI como la etapa de mayor genocidio a los aborígenes. Los primeros habitantes de nuestra isla, fueron maltratados con el objetivo de obtener más ganancias en beneficio de los peninsulares. Esta situación tuvo como secuela que un gran número de ellos murieran y los más resistentes fueran llamados “cimarrones”, porque huían de la brutalidad de sus amos. El casi exterminio de esta población, los obligó a adquirir una nueva fuerza para el trabajo, ya que la anterior había sido casi exterminada.

A partir de ese momento, empezaron a llegar los negros esclavos desde África, que fueron maltratados y explotados igualmente. Al igual que los aborígenes, se fugaron al monte, por lo que recibieron el nombre de apalencados, por las características que tenían los lugares donde se asentaban que se rodeaban por una cerca o empalada de elevados y estrechos palos, a manera de barrera protectora. Este fenómeno se dio con mayor fuerza durante las primeras décadas del 1800, como manifestación contra los esclavistas, quienes consideraban como inmoral, las diferentes formas de rebeldía demostradas por los africanos para defenderse.

Yateras, junto con la zona occidental de Baracoa, son consideradas las capitales del palenque cubano, porque fue en estas zonas donde más se dio este fenómeno, como espacio en el que confluyeron y se fundieron tradiciones aborígenes y africanas.

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, hubo un aumento de la población esclava en Cuba debido a la inmigración haitiana luego de la revolución de 1791 en este país cercano. La Revolución de Haití trajo aparejado el fomento de numerosos cafetales por parte de los inmigrantes franceses, quienes durante el primer cuarto del siglo XIX llegaron a situar la industria cafetalera por encima de la azucarera. Estos cafetales fueron erigidos fundamentalmente en las zonas montañosas de Oriente.

La estancia de los colonos franceses y sus esclavos dio lugar a una interrelación cultural con la población criolla. Los negros procedentes de Haití ya transculturados, con su llegada a Cuba sufren otra transculturación, es decir, doble transculturación, proceso donde se fundieron los rasgos culturales de una sociedad cuando entro en contacto con la otra. La trascendencia de este hecho llega hasta hoy para formar parte de nuestra idiosincrasia como cubanos.

El municipio de Yateras está situado en el centro del macizo montañoso Sagua- Baracoa, destacándose un relieve netamente montañoso. En su territorio se encuentran ubicadas las ruinas de muchos de los cafetales existentes en siglos anteriores, clasificando como la zona donde más se han encontrado en nuestra provincia. De estos cafetales huían muchos esclavos los cuales al conformar los palenques demostraron la unidad africana en nuestra zona.

Estos negros esclavos traídos de África, al igual que los trabajadores asalariados de los centrales azucareros que provenían de las islas del Caribe (Jamaica, Haití, Puerto Rico), trajeron consigo sus costumbres, manifestaciones artísticas, las que hoy en día forman parte de nuestra cultura sincrética. El arte culinario, la moda, la danza, el lenguaje y sin dudas la música, bebieron de estas aguas y es por eso que somos únicos.

Como vestigio de la transculturación ocurrida en Cuba, a consecuencia de la conquista y colonización y el posterior fomento de la esclavitud, nace el Changüí como una fiesta a mediados del siglo XIX. Según Fernando Ortiz, changüí es “cierto bailecito y reunión de gentualla”. Expresa también que la primera vez que alguien habló de este género o algo parecido, fue en el siglo XVII, cuando el padre Giovanni Antonio Caváis encuentra un género similar en África, específicamente en el Congo y escribió que había visto músicos congos tocando y bailando guisangüí. Por esto Ortiz teniendo en cuenta la etimología de la palabra: sanga, bailar o saltar con alegría y güi denota una cualidad en las lenguas del Congo y Angola, define al changüí como un baile alegre.

En sus inicios aunque no existía la agrupación instituida, la fiesta se daba espontáneamente, tal cual nos describe Andrés Fistó Cobas “Tabera”:

 Anteriormente no había grupos como ahora, no había formato alguno. Eran las familias, uno que tenía un tres, otro que tenía un par de maraquitas (…) el guayo era el de rayar malanga y yuca para hacer buñuelo (…) Recuerdo que mis abuelos y otros viejos cogían dos cucharas o una latica de leche condensada y una cuchara y le daban una contra la otra (…) el bongó era rústico, no tenía el entre dos, o sea, la pieza que lo divide en hembra y macho y se tocaba en una sola pierna.

El changüí de nuestros días sigue siendo el mismo baile de campo que hace años llegó a la ciudad e irrumpió con igual fuerza. Muchos de los músicos que residían en las zonas donde nació el changüí: Yateras, El Salvador, Manuel Tames se mudaron a Guantánamo. Ya en la ciudad, algunos aprendieron a leer y escribir en pentagrama. Sobresale en este sentido el popular barrio La Loma del Chivo, lugar de residencia de muchos de estos changüiseros, donde actualmente se ubica la Casa del Changüí, muy cerca de la Tumba francesa y de la sede del grupo Lo Cossiá. Ambas agrupaciones vivos ejemplos de las tradiciones haitianas presentes aún en la cultura guantanamera. Este proceso de inmigración no se dio con todos los changüiseros, puesto que muchos pensaron que desde la zona rural se podía seguir haciendo changüí tan original como siempre.


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