El ISA, “45 Aniversario”… Memorias sobre el profe Albertico Alén.

Por Grizel Hernández Baguer. Musicóloga

Fotos: Archivo Cidmuc

Alberto Alén Pérez (La Habana, 21-11-1948/14-10-2004) musicólogo y violonchelista, comenzó sus estudios musicales en la escuela elemental A.G. Caturla y años después se graduaría del nivel medio como chelista en el Conservatorio Amadeo Roldán en 1975. Es en ese mismo año que se vincula al grupo que recibía clases con el maestro Argeliers León para concluir en 1982, la Licenciatura en Música, en la especialidad Musicología, del Instituto Superior de Arte, no obstante, la diversidad de intereses le había llevado antes a realizar estudios de Psicología en la Facultad correspondiente de la Universidad de La Habana.

Aún como estudiante de musicología y aprovechando sus capacidades para las matemáticas, Alberto fue invitado por el profesor Argeliers a impartir contenidos de estadística como parte de sus clases de Metodología de la Investigación. La importancia de esta materia constituyó elemento esencial para la incorporación, años después, de la Estadística como disciplina oficial de la malla curricular de la especialidad y el afianzamiento de la presencia de Alén, como integrante del claustro del departamento musicológico. Esta acción estimuló la apertura a nuevos temas de investigación, dado el conocimiento y aplicación de las herramientas estadísticas a los perfiles de la sociología y la psicología de la música.

Asimismo, sus experiencias en el campo de la Psicología, permitió la aplicación de un test de inteligencia, de manera experimental, en las pruebas de ingreso a la especialidad durante los años ochenta; ello aportó al departamento un conocimiento más profundo acerca del alumnado que tendría la carrera, así como sus posibilidades de desarrollo.

Paralelo a su labor docente, el profesor Alén continuó su acción como chelista al ser integrante de la Orquesta del Instituto Cubano de la Radio y la Televisión y desarrolló su perspectiva musicológica de la psicología y sociología de la música en su intensa labor como asesor de la televisión cubana, institución a la que representó, además, como jurado en eventos televisivos internacionales.

Toda esa diversidad de conocimientos Alberto la volcó en su labor pedagógica, por lo que resultó un apoyo invaluable al trabajo docente y la intención permanente del profesor Argeliers, de mantener una visión abierta y dinámica de la musicología cubana. De manera particular quedan hoy los conocimientos en aquellos que fueron sus alumnos y colegas de cátedra y de manera muy especial en aquellos que tuvieron el privilegio de que los guiara en la concreción de trabajos de diploma que, en la actualidad, constituyen referentes de esta dinámica temática. Dentro de estas tesis destacan:

  • La enseñanza de la lectura musical en el nivel elemental (Lourdes Rodríguez Cuervo,1986).
  • Iniciación al estudio de la influencia de la televisión en la formación estético-musical del niño cubano (Sonia M. Pérez Casola,1987).
  • Introducción al estudio de los gustos musicales en los jóvenes (Ana M. Darias,1988).
  • El adiestramiento auditivo como vía para el desarrollo del oído musical (Susana B. Junco,1988).
  • Trabajo exploratorio sobre el desarrollo de las capacidades musicales de base de niños de 7 a 10 años (Guadalupe Pubill, 1989).
  • Juan Formell y los Van Van: treinta años de historia y vigencia en el contexto cultural cubano (Neris Gonzalez,1999), 
  • La imagen musical: elementos técnicos-expresivos que influyen en su aprehensión (Ingrid Socorro, 2000).

Entre las disímiles actividades que asumió igualmente aportó su mirada musicológica al Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC), donde dirigió el departamento de Desarrollo en la etapa fundacional y al que se vinculó hasta el final de su vida como investigador, desarrollando el tema “Gustos musicales de la orientación psico-sociológica”, impartiendo cursos para el desarrollo  informático de los especialistas y programando la base de datos para un frustrado proyecto de Diccionario de la música cubana, que tenía como base la información y entradas aportadas por la institución al Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, entre otras acciones.

Ana Victoria Casanova, María Elena Vinueza y Alberto Alén

En 1986 obtuvo el Premio de musicología Casa de las Américas con su libro Diagnosticar la musicalidad, publicado en 1988, y con su texto “Aproximación al gusto musical: en busca de una metódica”, fue premiado junto a las también musicólogas Clara Díaz e Idalmys Braña en la segunda edición del Concurso de Musicología Argeliers León (UNEAC) en el año 1996. Por este reconocimiento fue invitado a ser miembro del jurado en las ediciones de 1998 y 2000.

Entre otros trabajos de Alberto, también se citan: “Perspectivas de la investigación musical actual” (1976); “La forma de las formas musicales” (1981); “La génesis del espacio musical” (1986), entre otras propuestas relacionadas con las capacidades y gustos musicales.

Argeliers León, Alberto Alén, María Elena Vinueza y Alicia Valdés

Apreciable es completar esta evocación del maestro Alén con tres testimonios de los colegas Sonia Pérez Cassola, Ingrid Socorro y Jorge Fiallo, quienes convocados bajo la premisa “Alberto Alén en mi memoria” escribirían:

Corría el año 1986, yo; alumna de Musicología en el ISA, debía graduarme en el 1987. Ya estaba en los preparativos de mi tesis de graduación, y el maestro Argeliers, un día (que ahora no recuerdo) del mes de septiembre, antes de salir de su clase me dice: “Sonia, para su tesis de graduación he hablado con Alén para que sea su tutor”. Yo me quedé impresionada. Primero, porque sabía el respeto y la alta estima que el maestro le tenía a Albertico Alén (que así era como lo llamábamos en el gremio), y segundo, porque había sido maestro de Metodología de la Investigación, nuestro profesor de la asignatura de Estadística, y conocía muy bien su competencia en este tema –que era vital para mi tesis– así como en casi todos los temas esenciales que formaban parte de nuestro curriculum musicológico.

Fue mi vecino, vivía muy cerquita de mi casa; lo veía muchas veces en su ir y venir diario, en su lucha por la cultura y la vida. Siempre lo admiré; por competente, por esforzado. 

Además de ser maestro en nuestra carrera en el ISA, no  dejó de hacer práctica musical con su violoncello, tocando en la orquesta del Instituto Cubano de Radio y Televisión; ni de colaborar activamente  en este Instituto, como asesor en la Dirección de Musicales, tampoco dejó de colaborar activamente en el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana, ni de escribir sus libros donde vinculaba todas  las especialidades de su competencia: la psicología, de la que se graduó en la Universidad de La Habana, las Matemáticas, la Musicología, la Metodología de la Investigación y sus experiencias como músico práctico. Y todo eso de manera tan sencilla, tan callado, sin alardes.

Trabajamos muchas mañanas y tardes en su casita de Marianao.  Allí le llevaba todo el texto que él debía revisar: papeles y más papeles, tablas y más tablas, y él…, tan solícito, tan sencillo…, en su mesa de comer, me daba sus certeras indicaciones, compartía conmigo sus saberes tomándonos un té, o un cafecito. Aún lo recuerdo claramente, aquel día de la defensa de la tesis de licenciatura, compartiendo mis nervios con los suyos, dándome ánimo y confianza; y después, su alegría por los resultados.

Pienso realmente que sus obras no han sido aprovechadas en su justa medida por las nuevas generaciones de musicólogos que salen de las aulas del ISA. “La forma de las formas musicales”; “Aproximación al gusto musical”; “Diagnosticar la musicalidad”; son obras de relevante contribución a la musicología, por lo que debían ser material de estudio obligado para ellos. Hoy agradezco mucho a Grizel Hernández, por conminarme a escribir estas líneas, traer nuevamente a mi memoria los momentos que compartimos, y dejar constancia de ellos.

Gracias Albertico. Gracias, gracias, gracias.

Sonia Pérez Cassola

Para mí es un inmenso placer contribuir a rememorar las enseñanzas de tan gran pedagogo. Musicólogo y amigo… En efecto, Alberto Alén fue para mí una fuente de inspiración. En primer lugar porque sabía integrar de una manera magistral sus conocimientos sobre física y psicología con los diferentes aspectos de la música. Sus clases eran una síntesis de varios conocimientos. Con un lenguaje claro, sencillo, sabía desentrañar cualquier fenómeno musical. Era muy coloquial. Se movía en el campo de la estética y la semiología musical, aspectos poco abordados por la musicología cubana. Esto me llamaba la atención porque me hizo comprender la música con otra perspectiva. Sus artículos abordaban temas originales como el gusto de los jóvenes hacia la música… El espacio musical, la forma de las formas musicales. Desde el título ya despertaba el interés. Una vez que te enfrentas al texto no puedes dejar de leerlos. Tiene una redacción tan atractiva que a pesar de la profundidad del tema y el abordaje de otras ciencias, hasta conocimientos estadísticos para explicar procesos y problemáticas musicales, lograba ser convincente. Sus textos parecían una obra musical. Alcanzaban un clímax dentro de la dramaturgia. El desenlace podía ser una formula física o matemática, o de percepción. Era increíblemente inteligente. Cuando trabajábamos en mi tesis de musicología yo iba medio perdida, él conversaba conmigo una hora o dos sobre el tema, y ya me inspiraba a escribir varias páginas. Ha sido un verdadero privilegio haber sido su alumna. Creo que pocas personas reconocían su maestría como pedagogo, musicólogo, músico en general, ya que también era violonchelista. Recuerdo que sus clases eran en los últimos turnos de la tarde, todos los miércoles, y sin embargo lo aguardábamos con inmenso placer, cariño y admiración. Su fallecimiento fue una gran pérdida para el gremio de los musicólogos cubanos y un vacío para las nuevas generaciones.

Ingrid Socorro.

«Fue un hombre que vivió para el trabajo”, es todo lo que pude balbucear en su despedida de duelo, desbordado por la temprana pérdida de quien diera luz en el plano personal, el musical y el musicológico; un musipsicólogo, dijo el Dr. Manuel Calviño en la oponencia-elogio a su Trabajo de Diploma en el Instituto Superior de Arte. Compartimos la alegría de sus éxitos, como él compartía con todos unos saberes que ligaban varias disciplinas en una imagen coherente proyectada de modo lógicamente fundamentado. En realidad, aunque ya fuera de aquella Facultad, nunca dejó la psicología, sólo que la condujo a su campo de interés y la aplicó en direcciones desde la integración de estructuras musicales, el proceso de su percepción, la musicalidad y el gusto musical, en sus condicionamientos socio-culturales, lejos de verlos como cualidades innatas o inmotivadas. De todo lo cual nos quedamos con una eterna gratitud y con la convicción de que su trabajo, que es decir su vida, ha sido y es de una utilidad inconmensurable.  

Jorge Fiallo.
Victoria Eli y Alberto Alén
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