La Anécdota Musical… La Engañadora

Por Gaspar Marrero. Investigador musical

Foto tomada de Internet

Cuando en 1953 la empresa cubana de los discos Panart colocó en el mercado el disco donde se editaron Silver Star y La engañadora, del violinista y director musical de la Orquesta América, Enrique Jorrín, se vendieron, en pocos días, sesenta y cuatro mil copias. Comenzaba La Era del Chachachá.

Según se cuenta, el pasaje musical descrito en La engañadora se basa en dos hechos reales:

El propio maestro Jorrín narró que, en cierta ocasión, presenció en plena calle cómo un cubano jacarandoso reaccionó ante una despampanante mujer que se le acercaba. El hombre armó todo el escándalo que pudo. Cuando tenía muy cerca a aquella deslumbrante belleza, se le arrodilló y le lanzó quién sabe cuál piropo. Aquella muchacha le pasó por su lado y lo ignoró. Y el hombre, herido en su amor propio de macho conquistador, dijo, con todo desdén:

-¡Total, y a lo mejor todo eso es de goma!

El músico grabó en su memoria aquel hecho, que volvió a su recuerdo días después, cuando se preparaba para tocar un baile en el Centro Montañés, ubicado en la hoy legendaria esquina de las calles habaneras de Prado y Neptuno, junto al Parque Central, y a pocos pasos del Capitolio Nacional.

Una mujer, que sobresalía siempre en aquel lugar por su elegancia y sus atributos, llegó esa vez apresuradamente, totalmente desaliñada, casi irreconocible. Fue a toda prisa al tocador y, en unos minutos, volvió a ser la atractiva mujer de siempre: A Prado y Neptuno iba una chiquita…

Han pasado los años, ¡casi siete décadas! Y, para quienes escuchan una y otra vez la grabación original a cargo de la Orquesta América de Ninón Mondéjar, es muy probable que pase inadvertida una exclamación. En respuesta a la aseveración Qué bobas son las mujeres que nos tratan de engañar, los músicos de la orquesta replican a coro, ripostando aquella conclusión: ¿Me dijiste?

Situémonos en contexto. Habían pasado poco más de dos años desde la apertura de la televisión en Cuba. Las opciones presentadas por las primeras televisoras incluían programas dramatizados, informativos, musicales, humorísticos y varios donde se combinaban la comicidad y los ritmos populares cubanos.

El actor Idalberto Delgado -quien encarnara, años después, el protagónico de Paco en el mítico radial Alegrías de Sobremesa, de Radio Progreso- aparecía con frecuencia por entonces ante las cámaras. Sus dos personajes más frecuentes en esos espacios de la pequeña pantalla que ya hacía furor en La Habana eran los de Serapio y Vistilla. Han pasado muchos años y me es imposible recordar a cuál de ellos correspondía era frase de ¿Me dijiste?

En medio de un diálogo, cuando su interlocutor decía algo a modo de afirmación rotunda, sin discusión alguna, el personaje de Idalberto agregaba, en simpático tono burlón que reflejaba la duda:

-¿Me dijiste…?

Era como decir: ¿Tú estás seguro de eso?

Ingredientes todos que convirtieron a La engañadora, más allá de ser el comienzo de una nueva era en Cubita la bella, en un clásico de la música cubana.

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